REDificando LetrasV ENCUENTRO - 1999
 
 

Segundo Nivel – Narrativa
 
 

Título
Seudónimo
Nombre - Clase
Institución - Clase
Visitas inquietantes
 Puck 
 Daniela Martínez
Colegio Elbio Fernández - 3º
El día que mi vida
cambió para siempre
 Majito
 María José Morales
Liceo Nº 1 Pbro. Dr. Mariano Soler (San Carlos) - 3º
 La llegada/venida 
te sienta bien
Sicá
 Dafna Tittler 
Esc. Integral Hebreo - Uruguaya - 4º año

 


 
VISITAS INQUIETANTES

   "Querido diario:
    Estoy cada día más preocupada por Nicole. Parece que el hospital psiquiátrico no ha logrado ningún cambio positivo en cuanto a su comportamiento. Al contrario, ya no habla siquiera, su palidez aumenta minuto a minuto, y tratar de hacerla comer es una de las más duras tareas para las enfermeras que la atienden; la única manera de lograrlo es prometiéndole una caja de cerillas, todas para ella.  Creo que lo hace porque en su inconsciente todavía está ese terrible recuerdo. Nunca lo conté con detalles, ni siquiera a quienes se hacen cargo de Nicole, y es hoy, por primera y última vez, que este suceso queda plasmado en una hoja de papel.

   Todo comenzó aquella tarde fresca y ventosa de mayo. Yo me hallaba sentada leyendo en el living, cuando  escuché los agudos gritos de Nicole, provenientes de su habitación. Sin pensarlo, me precipité hacia allí atravesando la cocina. Siempre me había parecido que ese trayecto era muy corto, pero en ese momento se me hizo eterno. Me sentía correr en cámara lenta, como si todo fuera irreal. Por fin llegué a la habitación de mi hija.
Al abrir la puerta fui testigo de aquel desagradable escenario: Nicole, con sus seis años, se encontraba en un rincón del cuarto, acurrucada, como si intentara hacerse más y más pequeña y finalmente desaparecer.  Su hermoso cabello color cobre se veía opaco y muy enmarañado, su cuerpo estaba empapado en sudor y sus ojos llenos de lágrimas miraban un punto lejano, sin que parecieran notar que yo estaba allí. Ni siquiera yo sabía de qué modo reaccionar. Por fin decidí acercarme lentamente y la llamé:

    -Nicole, cariño, ¿qué sucede?

    Por primera vez clavó sus penetrantes ojos grises en mí y rogó:

    -¡Por favor, mamá! ¡Dile que se vaya!

    Miré a mi alrededor asustada esperando encontrar algo o alguien agazapado entre las estanterías de juguetes de la espaciosa habitación, pero consternada pude comprobar que no había nadie allí. Volví a mirarla, reparando por primera vez en un hilillo de sangre que corría desde su labio inferior hasta su barbilla y que era producto de una fuerte y constante mordida.

     -¡Por favor, mamá!

     Corrí hacia ella y la levanté estrechándola contra mí para asegurarme que la niña estaba bien. Seguido de esto la llevé al baño y llené la tina. Nicole ya no lloraba, sabía que estaba a salvo de lo que la había estado aterrando. Luego de ayudarla a bañarse y vestirse, la conduje a la cocina, en donde le preparé una gran taza de chocolate caliente y un par de tostadas que devoró como si fueran el primer manjar que hubiera probado en años. Yo, mientras tanto, la miraba preocupada, preguntándome si debía pedirle una explicación a lo sucedido o si debía darle más tiempo para meditar. Como si adivinara mis pensamientos, me dijo con la boca llena:

     -No estoy loca, mamá.

     -Claro que no, hijita - me sorprendió bastante que me dijera algo como eso - sólo tuviste un mal sueño.

    -Te equivocas  - dijo la pequeña, todavía tragando - no estaba dormida... bueno, sólo al principio, pero me desperté cuando escuché una voz.

    -¿Qué voz? - mi preocupación iba creciendo.

    -La de la abuela -  me dijo -  que había venido a buscarme, mamá. Yo le pedí que se fuera, pero me dijo que no, que yo debía ir con ella; luego comencé a gritar y tú llegaste.

    - ¡Oh, Dios mío! - pensé - No puedo creer que mi madre, que en paz descanse, la haya aterrorizado tanto hasta el punto de hacerla delirar. Mi madre nunca quiso a Nicole ni a su padre, a éste lo odiaba por haberme abandonado dos meses antes de dar a luz, y luego comenzó a odiar a la pequeña, culpándola de que yo fuera madre soltera. Con lo sucedido me di cuenta de lo perturbada que estaba la niña por la muerte de su abuela, ocurrida un mes atrás. Me costó varios días convencerla y convencerme de que todo había sido un sueño, un mal sueño. Y ya pasado un mes todo parecía haber quedado en el olvido. Parecía, sólo eso.

    Una noche de viernes, luego de comer, acompañé a mi hija hasta su cuarto, la arropé y me despedí. Ya me estaba yendo, cuando me llamó con su vocecita apagada.

    - Dime, cariño.

    - Hoy vendrá.

    - ¿Quién vendrá hoy?

    - La abuela; hoy viene a buscarme.

    Suspiré. No, no lo había olvidado.

     - Haremos una cosa: me quedaré aquí, contigo, hasta que te duermas. ¿Está bien?

    Ella asintió. Me tendí en la cama pintada de rosa y esperé hasta que ella estuvo dormida, luego me dirigí a mi habitación. A las dos de la madrugada me despertó un ruido en la cocina. Sin encender la luz, saqué el martillo que guardaba en la mesa de noche para defenderme en un caso como el que parecía estar por suceder. Sigilosamente caminé hacia la cocina y deseé que sólo fueran unas ollas que hubiesen caído de uno de los estantes. La cocina estaba intacta, salvo por el cajón de los cubiertos tendido en el suelo. Levanté todo: cuchillos, cucharas, tenedores, un par de cerillas... ¿dónde estaba la caja?  Mi pregunta encontró respuesta casi al instante, cuando a mi nariz llegó un fuerte olor a quemado proveniente de alguna parte del apartamento. Al empujar la puerta de la cocina una muralla de humo me golpeó y me hizo toser, sin embargo, contuve la respiración y corrí hasta la habitación de Nicole. Giré la manilla de la puerta y grité de dolor, ya que ésta estaba hirviendo. Cuando entré el espectáculo fue mucho más aterrador que la vez anterior: el placard se encontraba en llamas, al igual que la cama sobre la cual se amontonaban todos los juguetes en el mismo estado. Nicole se hallaba prendiendo cerillas y lanzándolas por todas partes, mientras, histérica, miraba un punto fijo.

    -¡No me atraparás!- era lo único que salía de su boca.

    -¡Nicole, basta! - grité desesperada, corriendo hacia ella.

    En la tarea de perderme, cayó al suelo entre las llamas, y no hizo nada, cuando una punta de su camisón fue alcanzada por el fuego. Rápidamente me quité una pantufla y la golpeé contra éste para extinguir las llamas azules. Seguido de esto la tomé entre mis brazos y salí corriendo del apartamento.

    De esto hace dos semanas. En la Policía me dijeron que lo mejor era internar a Nicole y someterla a un tratamiento, y viendo de la forma que actuaba, decidí seguir la recomendación..."

   El teléfono está sonando. Interrumpiré la historia un momento.

   -¿Diga?

   -Señora Costello, disculpe la molestia, soy Asistente en la Clínica en donde su hija Nicole se encuentra, y quería preguntarle si permite que una persona que aquí se encuentra, visite a la niña.

   -¿Quién desea ver a Nicole?

    -Es una anciana que dice ser su abuela.

                                                                              Puck
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EL DÍA QUE MI VIDA CAMBIÓ PARA SIEMPRE

 
   7.30 AM. Nuevamente sonaba el despertador... una mañana más.

     Como todos los días Daniel se disponía a levantarse para concurrir a sus diarias clases.

    Un desayuno bastante completo, tostadas, manteca y una taza de leche no eran suficientes para que él fuera por lo menos con una sonrisa dibujada en su rostro.

    Ya  no había nada que hacer, él era así nunca lo veías sonriente, feliz, siempre amargado, enojándose por todo, sin ganas de hacer nada estaba cansado, como que de su propia vida. Era un  "rebelde sin causa", podríamos decirle así, rencoroso como pocos, según su madre toda esta forma de su ser se debía a la terrible pérdida que había sufrido hacía unos cuatro años , la de perder a su abuelo. Siempre culpó de su muerte a sus padres, los cuales nunca tuvieron nada que ver. En ese entonces él era muy pequeño, tenía tan solo 8 años y simplemente no podía entender por qué algo que él quería, que amaba tanto se había ido.  ¿Por qué lo bueno se acaba? Así habían seguido pasando los años y su rencor y su sufrimiento nunca habían cesado...

    Llegó al liceo, ¿qué era eso? Una revolución! Todos andaban como locos!

    -¿Qué diablos pasa acá?- preguntó él, como siempre, con mal tono.

    -¿No sabés, Dani? Hoy se acaba el mundo respondió Angy, una de las pocas chicas que debido al inevitable amor que sentía por él, aún seguía dirigiéndole la palabra.

    -No, mija, no sé!- respondió él.

   -Hoy se nos acaba el mundo!!! Hoy todos morimos!!!

   -¿Qué? ¡No puede ser!

    -Sí, sí, hoy a las 14 horas. Se acaba todo...morimos Dani...morimos...

    -Sí..sí...seguro, pavadas tuyas, mejor me voy de aquí no quiero escuchar más tonterías.
Así nomás...se fue, aunque sin reconocerlo, en su interior temblaba por la noticia que acababa de recibir, y ¿si era verdad? “¡Imposible!”, pensaba para sí mismo.

    Decidió no darle mucha importancia al tema y esperar a que fuesen las 14 hs. para ver qué sucedía.

    Así fue como diez minutos antes de la hora prevista, se tiró en el césped de su casa, a esperar...no sabía qué esperaba, pero igual seguía ahí, acostado. 

    Sentía mucho sueño...

    De repente una luz...una luz que lo encandilaba, no podía ver nada...empezó a flotar, a elevarse y sentía que volaba: ¡ era algo tan hermoso! ¡No podía ser el fin del mundo!

    Apareció en algo similar a un espacio, sentía un enorme vacío y mucho, pero mucho miedo.
Oía algo... algo a lo lejos, una voz conocida que le decía : "Dani...Dani...Dani..."

    ¡Sí! Ya sabía de quién era! Era la inconfundible voz de su abuelo.

    Así fue como todo de pronto desapareció y se encontró en un abismo empezó a caer y a caer hasta que se estrelló contra el piso...levantó la vista, y ahí estaba su abuelo.

    -¡Abuelo!  - gritó -¿Cómo es posible?

    -Sí, Dani, tenemos muy pero muy poco tiempo, has venido hasta aquí para reaccionar, para que yo te ayude.

    -¿Reaccionar?

    -Sí, dime, ¿has sido feliz los últimos años de tu vida?

    -Y.. y...¿sinceramente? No, te juro que me siento la persona más infeliz del mundo, desde que tú falleciste, abuelo, no puedo sacar de mi interior , el rencor y el odio que siento por papá y mamá por haberte dejado ir.

    -Te equivocas, ellos nunca tuvieron la culpa, ¿quieres, realmente, saber lo que pasó aquel día de mi accidente? 

    De repente, se vio como en un túnel y empezaron a aparecer imágenes del pasado, él cuando era un pequeño, niño aún, su padre con esa barba tan infame, su mamá ya embarazada esperando a su hermanito menor, y el abuelo, como siempre jugando con Dani. Luego, todo fue como una historia, una triste historia, se pudo dar cuenta de lo que realmente había pasado aquel 4 de julio de 1995, el accidente, las ambulancias, y lo peor y más triste todo, era que se había dado cuenta de que sus padres no habían tenido nada que ver con esta tragedia, había sido una mala jugada del destino.

    -Pero...pero....¿cómo es posible?

    -¿Ves, Dani? Tus padres son inocentes.

    -Me siento la peor persona del mundo

    -Bueno, si quieres corregir todo el mal que has hecho en estos cuatro últimos años debes empezar por cambiar..., hijo, si te dieras cuenta de lo corta que es la vida, de lo rápido que se te pasa...

    Así fue como el abuelo le empezó a hablar sobre su propia sabiduría y experiencia que todos los mayores, en menor o mayor cantidad tienen.

    -Abuelo, juro que voy a cambiar, te lo juro,

    -No sabes lo feliz que me hace oír eso, ahora siento que me puedo ir tranquilo y descansar en paz, cuídate mucho y cuida a tus padres, a tu hermano y tus amigos, porque son un tesoro que con nada te lo van a poder quitar o comprar....

    Fue así como entre las neblinas desapareció....

    Daniel se empezó a poner nervioso porque no sabía qué hacer, pero ese estado duró poco, ya que en pocos segundos todo desapareció completamente.

    Ahí estaba...se encontraba tirado nuevamente en el césped del patio sin entender nada, aún seguía vivo, no se había acabado el mundo! Respiraba, veía, sentía, olía, todos sus sentidos funcionaban perfectamente!, era la primera vez en su vida que se sentía feliz por vivir!, pero...¿había sido todo un sueño? No! No podía ser.

    Empezó a caminar sin rumbo alguno decepcionado, ya que pensaba que todo lo había soñado...pero de pronto escuchó: "Dani...Dani...acuérdate de tu juramento"  Miró hacia atrás y era la tenue imagen de su abuelo que se divisaba a lo lejos!

    ¡No! ¡No lo había soñado! ¡Realmente lo había vivido!

    Inmediatamente corrió al trabajo de sus padres y los abrazó y los besó como nunca lo había hecho, también les dijo cuánto los quería. Éstos estaban impactados, pero a la vez muy felices ante tal cambio...

    Llegó nuevamente a su casa, pero sentía que para empezar con el cambio de su vida le faltaba algo, llamar a Angy, fue así que invitó a salir a la que en un futuro, sería su novia, amiga y fiel compañera durante años.

    Daniel actualmente no sólo es feliz y tiene una familia construida, sino que intenta ayudar a esas personas que creen que su vida carece de sentido, que ya no tienen ninguna razón por la cual vivir.

    Pero también, y ante todo, les enseña a valorar, respetar, y amar esas "pequeñas cosas" que tenemos, que en realidad somos nosotros los que pensamos que son pequeñas, porque no nos damos cuenta de que tenemos tesoros, tesoros vivientes como lo puede ser un amigo, o un padre.

    Hay que aprender a querer y a valorar... ¿por qué esperar a perder a ese ser tan querido, para darnos cuenta de lo importante que era para nosotros? Porque Dani tuvo una segunda oportunidad, pero quizás nosotros nunca la tengamos... 

                                                                                                         Majito

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LA LLEGADA/VENIDA TE SIENTA BIEN

   A veces... a veces, uno se pone a pensar en las cosas de la vida o en sí mismo. Me encuentro sentado en un sillón frente a la ventana viendo pasar el mundo y a mis ilusiones que espero algún día se hagan realidad. Aún contemplo el blanco paisaje que dejó el frío invierno, aquí, en las montañas de Colorado. Nada ha cambiado desde que volví. La casa sigue siendo tan tenebrosa como antes, la vieja escalera que sube a mi cuarto rechina y arriba da miedo estar solo, es más, ¡no quiero estar solo! Hace siete años, mi tía me escribió diciendo que mi padre había sido asesinado y luego lo tiraron por estas mismas escaleras, terminando desgraciadamente con su vida.

   Desde entonces no supe más de él.

   Seguí recorriendo la habitación con la vista, hasta que me encontré con la mirada de mi padre pintada en un retrato, en un rincón de la habitación. Algo en ese cuadro no me gustó, la mirada escalofriante parecía seguirme hacia donde fuera.

   Fue entonces que decidí mirar el cuadro fijamente y cuando quise darme vuelta, no pude salir, la mirada me atrapaba y se apoderaba de mí. Al darme vuelta, las cosas habían cambiado su sitio habitual, el lugar sin duda estaba más limpio y las escaleras que subían a mi cuarto parecían estar firmes.

   Empecé a caminar en dirección a las escaleras, cuando arriba, se escuchó el ruido de vidrios que se rompían y se prendió la luz. Escuché el ruido  de algo roto detrás de mí. Me di vuelta y la casa estaba como la había dejado minutos antes.

   Realmente no podía entender de qué se trataba todo esto, por lo que fui a la cocina a prepararme un té para tranquilizarme. Dejé la caldera en el fuego, y cuando pasaba a la sala de nuevo, levanté la vista temerosamente para mirar el retrato y sentí nuevamente ese escalofrío recorriéndome la espalda. Al seguir caminando, noté que la casa no era tan tenebrosa como lo parecía y estaba ordenada. Lo sentía raro, creía no haberla dejado así. Ya no sabía qué hacer y volví a acercarme a las escaleras, cuando escuché el ruido de vidrios que se rompían, se volvió a encender la luz y esta vez se escuchaban las voces de dos personas discutiendo acaloradamente entre sí, aunque no llegaba a escuchar lo que decían, y me di cuenta que la sombra de una de ellas se proyectaba junto a la escalera. Terminada la discusión, entraron a un cuarto golpeando la puerta. El sonido hizo que repentinamente me desconcentrara, y para cuando había recobrado el sentido, el lugar frío y oscuro se hallaba a mi alrededor, y yo parado sin creer lo que veía. Aunque no entendía nada, creía que lo mejor, en esos momentos, era tapar el retrato, y a la mañana siguiente ver qué podía hacer. Tomé una vieja sábana, entonces, y con los ojos cerrados para no ver su hipnotizante mirada, la puse encima como pude. Mi corazón parecía no detenerse, tan agitado estaba que decidí tomar un poco de aire: abrí la ventana y me senté en un sillón dos minutos a descansar.

   Cuando me acordé que el retrato y yo convivíamos en la misma habitación, intenté subir tranquilo, pero no pude: subí corriendo, me acomodé en la cama e intenté dormir. Según mis cálculos habría pasado una hora entre que me dormí y me despertó el insoportable ruido de la caldera que había olvidado en el fuego. Salté de la cama y bajaba las escaleras corriendo, cuando me encontré con la ventana de la sala abierta y la vieja sábana que tapaba el retrato ya no estaba. Miré hacia el cuadro y me sentí atraído y cada vez más próximo a esos ojos tan poderosos.

   Ya la casa estaba limpia para cuando volví a mirar y me disponía a terminar de bajar las escaleras, cuando se escuchó el ruido de vidrios que se rompían. La luz se encendió una vez más, se escuchaban las voces de dos personas discutiendo acaloradamente y no se entendía lo que hablaban. La sombra que se proyectaba en la pared junto a la escalera me parecía haberla visto antes en alguna parte, era como si se repitiera una historia ya vivida. Si mal no me equivocaba, ahora venía la parte en que estas dos personas entraban a la habitación golpeando la puerta. Esperé un poco más y a los segundos de haberlo pensado entraron las personas al cuarto, golpeando la puerta. Definitivamente estaba en lo cierto. No me acordaba que pasase algo más, así que esperé un instante y al cabo de unos minutos se escuchó un disparo, se abrió la puerta del cuarto, salieron los dos sujetos con una persona casi muerta en sus brazos, la pusieron delante de las escaleras, se rieron de ella, la levantaron entre los dos y la tiraron por las escaleras terminando definitivamente con su vida.

   En ese momento, me comenzó un fuerte dolor de cabeza, las campanadas del reloj sonaban más y más fuerte, las risas de las extrañas personas retumbaban en la sala, el ruido de la caldera se repetía en mi cabeza, se oían fuertes disparos y vidrios rotos, el viento comenzó a enloquecer. Yo no sabía qué hacer, cerré los ojos y para cuando los volví a abrir...me encontraba sentado en el sillón frente a la ventana, contemplando el húmedo paisaje de las montañas de Colorado. A decir verdad, me sentía bien de volver a casa después de estar treinta y cinco años en prisión...Es bueno saber que todo sigue igual.
 

                                                                                                                      Sicá
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Actualizado:Noviembre, 1999