REDificando LetrasIV ENCUENTRO - 1998

Segundo Nivel – Narrativa

Título
Seudónimo
Nombre
Institución
Cosas que pasan
Rose Dauson
Florencia González
L. Nº 1 (San Carlos)
Dos raros ángeles
Life
Ignacio Esquivel
Col. San Pablo- ULBRA
Reflecontando
Pipa
Fernando Rodríguez
Inst. Uruguayo-Argentino
Fotografías
Secuestrada
Rosina Grille
Co. Nal. José P. Varela
1 x 2: no tiene solución
Augusto III
Carlos Schulkin
Col. Richard Anderson
Nadie es perfecto
Sofía
Victoria Villahoz
Inst. Uruguayo-Argentino
La puerta
Yo
Cynthia Rajchman
Esc. Integral Hebreo-Urug.

 
 
COSAS QUE PASAN

  La famosa y joven estatua de la Libertad se erguía ante mis ojos como dándome la bienvenida al nuevo mundo. Amanecía el 24 de 1912 y el RMS Titanic, de la sofisticada compañía White Star Line, descolgaba sus amarras sobre el puerto de Nueva York, en el cual esperaban miles de personas y periodistas porque... el transatlántico más grande del mundo había llegado a destino.

  Fui uno de los primeros pasajeros en llegar a la puerta de salida y caminar por los angostos y largos puentecitos que unían al barco con el puerto. No reconocía, ni distinguía a nadie así que comencé a caminar con la única maleta que llevaba y con la esperanza de que alguien me encontrara entre tanta gente. Todo el mundo estaba felíz. Muchos volvían a encontrarse con amigos o parientes que hacía mucho tiempo no veían, otros recibían herencias y objetos de tíos fallecidos y los periodistas, dinero por las notas y fotografías del acontecimiento.

  Estuve casi media hora tratando de encontrar un taxi y cuando ya lograba mi objetivo alguien puso su mano en mi hombro...

  ­ ¡Profesor!- me di media vuelta  y una expresión de alegría se posó en mi cara. La verde boina de paño inglés le tapaba la mitad del rostro pero una abundante barba roja lo identificaba.

  ­ ¡Joe! Tanto tiempo.

  - Dos años profesor Williams ¿qué ha estado haciendo desde entonces?

  - Estudiando Joe, estudiando. He profundizado sobre algunas teorías y conceptos que tiene la gente.

  - ¿Sobre qué?

  - Sobre la vida... y el destino- Se quedó un momento mirándome con una sonrisa en los labios y un aire de incomprensión en los ojos. - Bueno, ya lo sabrás en la clase, ¿me llevas?

  Salimos en su automóvil, no muy rápido debido a la gente que se cruzaba en la calle.

  Realmente Nueva York era muy grande. Al día siguiente me presenté en la universidad. El director no me recibió con la misma alegría que había utilizado para despedirme hacía dos años, pero los profesores y alumnos se alegraron bastante por mi llegada. Me dirigí directamente a la sala de conferencias donde se había reunido casi toda la universidad. Caminé con paso firme y me paré detrás del atrio; miré a todos, estaban impacientes y ansiosos. Joe me miraba dándome ánimos, y comencé:  - Buenos días, quiero presentarme para los alumnos nuevos, soy el profesor de filosofía Robert Williams y he venido solo por una semana para ofrecerles mis conocimientos en una serie de clases diarias. Los que estén interesados en tomarlas, permanezcan sentados, el resto puede retirarse. Gracias. De aquel salón salieron muy pocas personas lo que me dejó bastante conforme y contento.

  - He realizado algunos estudios - continué diciendo - sobre el destino de las cosas. ¿Nunca se han preguntado por qué sucede todo? ¿Alguna vez se han preguntado por qué lo que les pasa, es de esa manera y no de otra? ¿Por qué no han estado en el lugar indicado y en el momento justo? Tal vez alguien lo ha querido, tal vez todo funciona sobre algo preestablecido, que ya está escrito - con estas últimas palabras se fueron unas cuantas personas, realmente no les presté atención.

   - Tal vez alguien o algo se metió en mi cuerpo y me dijo que debía venir a este lugar, seguramente fue lo mismo que sabía que Colón descubriría América y que Napoleón organizaría la revolución francesa-. Estas fueron las palabras con las que partieron el resto de los alumnos quedando solo una chica llamada Mary Anne Rian, Joe y yo.

  - Bueno - dije desilusionado - creo que mi estadía aquí ser  más corta que lo esperado.

  - No se preocupe - me tranquilizó Mary Anne - lo que sucede es que sus ideas son algo... algo... fuera de lo común.

  - No puedo entenderlo - gritaba Joe.  Usted tiene razón, si las cosas tienen que pasar, van a pasar y no hay quién las detenga.

  -_Bueno, tampoco debemos ser tan drásticos -_le dije -_tan solo es cuestión de pensar un poco. ¿Qué hubiera ocurrido si no se descubría América?

  - Seguramente no estaríamos acá - contestó Mary Anne.

  - Peor aún, tal vez ni hubiéramos nacido, yo no sería profesor, Colón no habría sido nadie y el Titanic ni siquiera sería un sueño.

  - Usted tiene toda la razón del mundo - dijo Joe - solo que no debería expresar sus ideas tan públicamente pero...

  - Pero uno debe aprender de sus errores. Tal vez yo esté equivocado y todo suceda porque sí, la casualidad reina sobre la Tierra ,el sol y la luna salen porque no tienen nada que hacer y dentro de dos o tres años se declara una guerra internacional porque alguien está aburrido de vivir tranquilo. Salí a la calle furioso y me perdí entre la gente, sin darme cuenta llegué al puerto, a lo lejos se veía el humo que despedía el Titanic marchando aguas adentro por el Océano Atlántico.

  Dos días después, la devastadora noticia recorría el mundo entero: "El insumergible RMS Titanic de la compañía naviera White Star Line ha naufragado después de chocar con un enorme iceberg; cientos de personas han muerto en las heladas aguas del..." Cerré el periódico absorto y pensé:

  -Tal vez debía pasar de todas formas.

Rose Dauson

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DOS RAROS ÁNGELES

  - Mañana tranquila en la ciudad de M.chhhhhhhh- se cortóla transmisión a la misma hora de siempre, pero bueno, ya era costumbre.

  Todas las mañanas, Darío, veía el naciente sol mientras iba camino a su trabajo en la granja. Y pensaba lo aburrido que era hacer siempre lo mismo, pero ese era su trabajo y no había otra cosa que hacer.  Las tareas que podía realizar un chico como Darío, no  eran muchas, pero se las arreglaba para sacar y juntar los tomates, que le quedaban a un quilómetro de la granja, por un tema de suelos que él no entendía.  Ya con el sol en la mitad del cielo, Darío juntaba esas frutas rojas que eran las que le daban de  comer y las que lo hacían sudar tanto, cuando un punto blanco apareció en el cielo haciendo un ruido silbante enloquecedor, y cada vez se acercaba mÁs ante la  expectante mirada de Darío. Fue solo en un segundo, cuando como un rayo esa mancha blanca se estrelló contra el suelo, transformándose en una enorme máquina con logos rojos y azules y con unos ruidos de escapes de aire, como resoplidos de caballo.

  Darío se acercó cuidadosamente, cuando una puerta se abrió expulsándolo hacia el suelo. Fueron unos segundos, entre miedo y curiosidad, cuando algo espantoso salió de la nave. Desde el piso, Darío observaba atónito esas horrorosas bestias.  Eran como de un metro setenta, tal vez un poco más altos, tenían cuatro tentáculos que le salían de sus extremos con cinco cortos en sus puntas. En la cabeza, tenían cinco agujeros de los cuales salían cosas diferentes. Sus aparentes cráneos, estaban cubiertos por una especie de plumaje y hablaban un extraño lenguaje.

  Darío no podía creer lo que estaba viendo, dos extraterrestres, enfrente de él. Para su suerte estaban inconscientes y nada le podían hacer. Darío, parecía más preocupado por sus tomates que por las dos bestias, así que, tomó su canasto, y siguió recogiéndolos y colocándolos cuidadosamente para no machucarlos. Pasaron dos horas cuando culminó su tarea, y casi olvidándolo, colocó a loas horrorosas criaturas sobre sus hombros y las llevó a su recinto. Allí las acostó tirándolas sobre unos atados de paja y regresando a su trabajo diario.  Ya caída la tardecita, recogió sus cosas para irse a su casa, y entre la oscuridad vio esos bultos negros, que le hicieron recordar el nimio acontecimiento que había sucedido. " Y bueno," pensó, " lo pasado, pasado es" y tomó sus cosas y se fue.

  Pero los extraterrestres, en algún inesperado momento de la noche despertaron y como desesperados, empezaron a dialogar en su extraño lenguaje, cuando uno de ellos, tomó la radio de Darío y comenzó a examinarla. Pasaron la noche desarmándola y cambiándole circuitos hasta  que agotados por la investigación cayeron rendidos ante los primero rayos de luz. Y como bien sabemos, ni bien sale el sol, la puerta del recinto se abre y aparece la pequeña figura de Darío, quien tomó sus herramientas y por supuesto su radio y observó aquellos insignificantes bultos sobre la paja.  Notó un pequeño detalle, el plumaje no solo cubría su cráneo sino que comenzaba a cubrir gran parte de su rostro. " Tal vez estén mutando " pensó Darío, " pero bueno, que se le va a hacer".

  Emprendió camino hacia la huerta junto a su canasto y su radio, la cual ahora emitía unos extraños sonidos, pero a él no le importaba con tal que la transmisión no se cortara. Mientras juntaba los tomates, levantó la vista y vio la nave que ayer había caído, y por curiosidad, entró y vio un pequeño vehículo con cuatro ruedas. No pasó mucho tiempo, hasta que lo sacó por la angosta portezuela. "Nada que un buen paisano no pueda manejar" dijo Darío, y así fue, pues al regreso ya no gastaba sus alpargatas, sino las llantas de un rápido vehículo.  Bueno, ya con todo hecho, Darío se subió a su nuevo transporte, y se fue a su casa. Sin siquiera recordar a los monstruos, que no demorarían mucho en despertar.

  Otra vez, la noche se les pasó en esa radio, pareciese, como si trataran de comunicarse con alguien, o como si lo hicieran. Al otro día estaba todo igual, solo que cuando Darío iba en su todo terreno, topó con un pozo y cayó a unos metros de la huerta. Una pequeña puertita se abrió del vehículo, dejando caer un frasquito, que derramó un líquido que no demoró en filtrarse por el suelo de toda la huerta. "¿Qué puede pasar?" pensó Darío.

  Así pasaron unos meses, donde estaba todo igual. Hasta que un día, los tomates empezaron a crecer más fuertes, y el tiempo comenzó a rendirle más a Darío. La radio no se cortaba, mientras los extraterrestres seguían mutando.

  Una mañana, luego que Darío se fue, un aparato de iguales dimensiones que el primero, aterrizó en el  recinto. Derribando la puerta, los nuevos extraterrestres, recogieron a los primeros y los pusieron en la nave. Al despegar les preguntaron cómo habían llegado allí y les explicaron que una falla en la nave los hizo desviarse y la atmósfera los atrajo hacia el suelo. Los residuos minerales se habían perdido y el nuevo vehículo también. "Muy bien" dijo el capitán " Ahora que están bien, regresemos!"

  A la hora de siempre, Darío vuelve a su recinto y nota que la puerta está tirada, "Pero bueno", piensa, "lo pasado, es pasado ".  Al otro día, cuando iba camino a su trabajo y estaba el naciente sol, Darío pensaba lo divertido que sería hacer siempre lo mismo.

  Life
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REFLECONTANDO

  Siento frustración de vivir en un mundo del que se piensa está en un espacio infinito; de la insignificancia que representamos:  somos menos que la nada.  Eso me da rabia, me rebela...  Para qué demonios debo ir al liceo si nunca podré intervenir la órbita de un planeta?...  Pero comprendo la triste realidad de mi "insignificancia" y entiendo en esta "insignificancia" la importancia de mis actos dentro de un sistema "insignificante" como el liceal.  Al comprender esto, mi felicidad es infinita... Saber que yo puedo afectar la vida de otra persona, intervenir, para bien o para mal; cambiar su pensamiento, modo de vivir, de vestir, y hasta terminar con  ella... Siento una especie de duda hacia la muerte: no le temo,  ni la esquivo, ni la llamo; pero deseo saber si vamos al paraíso o al infierno, si dormimos o si es la nada, ... o si esta vida es la muerte de una anterior vida (se dar n cuenta de que tengo un gran "revoltijo" en la cabeza).  Y... de pronto siento unas ganas tremendas de escribir una historia.  "Juancito era de esos chicos... (me trabo, no sé cómo seguir; y de repente, se me prende la lamparita - "más bien el foco" je, je) ... traviesos juguetones, qué digo juguetones!... revoltosos, inquietos, de esos que sólo cuando duermen dejan de ser animales salvajes y pasan a ser verdaderos niños, y hasta ahí porque su horario de sueño es cortito y en seguida, posiblemente a las cinco de la mañana, despiertan; y así, sus padres que..." Pierdo el interés en escribir (un cambio de ánimo muy presente en adolescentes como yo) y la tristeza me... No!  qué tristeza ni tristeza; me siento maravillado de que los lápices escriban, y de que el agua sea líquida, y de que los pájaros vuelen, y tantas cosas más...  Si leen lo que he escrito, quizás piensen que estoy loco, que soy estúpido, mentiroso; que no siento ni pienso lo que  escribo.  Y como loco, estúpido, mentiroso, insensible, insensato e infinitamente generoso que soy, les doy la infinita gracia de criticarme, aplaudirme o tantas cosas más...

Pipa

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FOTOGRAFÍAS

  La humedad empañaba los vidrios.  Afuera el invierno iba dejando su huella tras algún chaparrón que otro.  Mientras, dentro de mi casa, el fuego de la estufa brindaba no sólo calor sino también esa  sensación de tranquilidad perpetua a la que ciertos días - afortunadamente - me veo condenada.  Lo cierto es que todo parecía normal aquel domingo de tardecita: un cigarrillo de mi madre a medio fumar sobre el cenicero de vidrio (¡Si habrá salido bueno! Resistió cuatro caídas y dos pelotazos), un par de juguetes de mi hermano desparramados por el suelo del living (creo que es el lugar favorito de todo niño: "el prohibido" aunque en realidad en mi casa no es tan prohibido salvo en ocasiones especiales), también está el infaltable termo y el libro de los clasificados. por estos dos últimos aspectos  creo que podemos considerarnos una familia cien por ciento uruguaya.

  Creo que todo corría de forma normal, nada parecía ajeno o extraño.  Mi padre estaba con Santiago - así se llama mi hermano - mirando un partido de fútbol, mientras mi mamá y yo intercambiábamos miradas cómplices a la vez que mirábamos algunas  fotos en blanco y negro que habíamos decidido desempolvar.  Esa tarde mientras chusmeaba con mi madre descubrí algunos secretos de familia.  ¿Cómo me voy a quejar de no ser rubia de ojos claros como mis abuelos si son totalmente "artificiales"? Y yo tan inocente que creía en eso de que hasta hace algunos años el mundo era más natural. Descubrí también algunas otras cosas pero creo que no sería conveniente para la reputación de la familia que yo las divulgara.  Nosotras, a pesar del tiempo corrido, continuábamos tan efervescentes como el primer minuto en que nos habíamos decidido a realizar dicha actividad.

  El partido terminó y creo, por la expresión de mi padre la cual me quedó grabada que no resultó como él quería. El fuego se estaba perdiendo así que papá decidió dejar su enojo con el juez dentro del televisor y optó por reavivarlo. Santiago lo ayudaba. Nosotras habíamos seleccionado algunas fotografías para "compartir".

  Al rato nos encontrábamos, como en un ritual, rodeando la estufa e intercambiando chistes y comentarios sobre las fotos. ¿qué por qué no admitirlo?  Aún estaban empolvadas.

  Me hubiera gustado ser ajena a la situación, para poder observarnos. la felicidad, la complicidad y un aire agobiado en confianza extrema del cual gozábamos.

  Por un instante hubiera querido detener los relojes y guardar esta imagen bajo la cúpula de un cristal.  Tal vez debería haber registrado este momento bajo una fotografía que quizás más adelante hiciera reunir a mi familia, haciendo que mis nietos descubran mis secretos, esta vez en colores, y dándoles la oportunidad de sacarse una foto... si es que para ese entonces aun existe el mito de guardarlo todo bajo un papel plastificado.

Secuestrada

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1 x 2: NO TIENE SOLUCIÓN

  Corre el año 1995, y si me obligan les diré que para mi no lo era. Mi vida estaba estacionada en 1989. No, no te  mientas. Tu vida se había quedado en  1973, el día que mataron a tus padres. Sí, pero eso no me tenía porque haber influido en 1989. Lo que hice ese año es problema mío y no tuyo.

   Viajo a 1963. Población, 2.595.510 personas. Me traslado, segundo colegiado blanco,  saldo negativo en lo económico. Problemática social. Muere, o mejor dicho es asesinado J.F.Kennedy, Presidente de los Estados Unidos. Valentina Tereshkova, la primer mujer astronauta.  No me pidas que siga porque no puedo. Si que podes no te acordás que Cortázar publica "La Rayuela". Si pero lo que yo quería era ubicar a la gente en el contexto histórico que nací.  Si, 1963 año en que nací. Niñeza  nada distinta a la de cualquier niño o niña de esa época.  Los años, como todos sabemos, tiene alas. Son águilas que a su paso dejan secuelas. Duras si, pero hay que saber superarlas. Si pretendo ser objetivo no debo ser intransigente. Realmente en una década no tengo nada para destacar, y si bien la monotonía se adueñaba de mi vida  de niño, esa década, sería difícil de olvidar.

   1973. Decreto de disolución del Palacio Legislativo. Guerrilla. Golpe militar. En Uruguay  y en Chile. Muere Francisco Espínola. 100% de aumento del petróleo. Hasta llegaste. Hasta que llegué. Noche fría, agosto violento, duro. Mi cama estaba bien calentita.

  Se ve que la de mis padres no. Pretendían quedarse hablando con otras personas  toda la noche. "Pum"... "salgan todos o los llenamos de agujeros". "Tratratratra". Mi  cama era un congelador. No atiné a nada. Creo que un pelo quiso moverse y no pudo. El tiempo no pasaba. Se había detenido para no alejarse de mí. Mi abuela se acercó a mi cuarto. Me levanté y la acompañá.  Una laguna roja se había instalado en el medio del living. Mi abuela lloraba. No había nadie,  solo un charco. Tu papá y  tu mamá no estaban. Yo sentía todavía el olor de mamá. Pero no estaba. Y, a pesar de no querer, había  entendido lo que había pasado.  Estaba paralizado, estaba...

   Pasaron  tantos años. Un vuelo que llegó a su fin, dejando en tu caso secuelas imborrables, que  quieras o no te afectaron mucho. Es así,  que a los 15 años salí a trabajar y al mismo tiempo estudiaba en un sistema que enseñaba lo que  quería. Callando y ocultando momentos de la historia universal . Luego a los 18 años ,ya bachiller, fui detenido sin razón por los militares. Amordazado, torturado, y sin alimentos, estaba recibiendo el castigo por ser humano. Es entonces que recibí la  oferta de exiliarme del país, y  sin cuestionármelo. Acepté. Me mantuve en comunicación con mi abuela a través de…

   3 de diciembre de 1982. La última carta que recibo. En esta carta ella me cuenta que la situación estaba  mejorando, y que ella sabía que pronto las cosas se arreglarían.

  Lamentablemente  en 1985  me enteré que ella había muerto hacia tres años. Volví a Uruguay, y estaba solo, estaba...

  Entonces ¿qué? Ni familia, ni amigos... apenas  una casita  tan grande como la felicidad que tenía en ese momento. Trabajé 4 años, hasta 1989. 1989, alcohol, drogas, ¿malas amistades? Vuelva atrás. Sí, un día estaba solo. Acompañado por el compañero que hasta ese momento siempre estaba. Ese amigo que me acompañaba sin pedir explicaciones, ese que en la soledad traía un poquito de felicidad. Esa noche yo estaba en el bar, como de costumbre, así conocí a un  señor que lo que menos que tenía era pinta de bueno. Se sentó y me invitó a tomar. Tal era mi borrachera que me fumé un cigarro. Raro porque vos no fumabas. No, pero este lo fumé con tanto gusto. Era distinto. Cuando desperté estaba en mi casa. Una resaca de acá a  la China (estoy muy lejos de China). Volví al bar a la misma hora.  No sé por qué. El caso es que me encontré de vuelta con este señor. Trataba de aparentar diez años de medicina, viajes por el mundo, acciones en la bolsa de Nueva York conocimientos en pintura, escultura... en fin. Lo cierto que a mí, al único que me recordaba era al verdulero. Todo acabo esa noche. Me drogué. Primero violé una pobre chica, después con un arma que nunca me enteré de donde mierda salió maté a un sargento. Ahora sí, furia liberada.

   Hoy  2 o 3 de  setiembre de  1995, con un revólver en mi mano, en una celda sucia de dos por dos acompañado de un amigo inseparable les contamos mi historia.

   El único que siempre estuvo a mi lado. Esta fue mi historia, esta fue...

Augusto III

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NADIE ES PERFECTO

  ...Me levanté de mal humor aquella mañana.  Para empezar, dormida, salí de entre las sábanas y me metí en el baño.  Dispuesta a bañarme, abrí la canilla caliente. Convencida, me metí en la bañadera.  Resultado: habían cortado el agua caliente, por no sé qué problema y me bañé con agua fría.  Salí congelada, dispuesta a calmar ese frío con un buen café caliente y tostadas.  No me sorprendió que al salir de la confortable ducha, me patinara con el jabón.  Por poco vuelan mis dientes.  Me reventé la pera contra el lavatorio y no hice más que gritar y enloquecerme.  Traté de calmarme.  Lo hice. Salí con una mano sobre el mentón y puse el café a calentar junto con dos rebanadas de pan sobre la tostadora.  Mientras me cambiaba, olí a quemado. Y allí estaba... tirándome de los pelos a medio vestir, mientras contemplaba el pan convertido en carbón y el café hervido.  Conseguí calmarme nuevamente y tomé un buen vaso de leche.  En efecto; estaba completamente cortada.  Por poco vomito.  Me harté.  Mucha presión para una mañana lluviosa. Es que... estaba nerviosa.  Era mi primer día de trabajo y no había cosa que me saliera bien.  Tomé el primer taxi al darme cuenta que el auto estaba pinchado. Por poco no armo un escándalo.  Llegué, y ahí me encontraba.  Frente a la gran puerta de roble de marcos dorados.  Me aseguré  que el moretón que llevaba en la pera no fuera tan notorio y toqué la puerta con suma seguridad.  Hasta que ahí, lo conocí.  Vestía un traje negro y masticaba un chicle.  Me hizo pasar y me enseñó la que iba a ser mi nueva oficina.  Según él, trabajaríamos juntos.  Todos los integrantes de la empresa me recibieron muy contentos.  Por  suerte.  Algo me tenía que salir bien. Empecé a trabajar.  Estuve horas y horas dentro de esa oficina y él, debió de haber entrado por lo menos treinta y ocho veces para intercambiar material de trabajo y preguntarme si necesitaba algo. Pasaron semanas, meses, años... Por esa relación que llevábamos los dos, no me sorprendió que termináramos siendo amigos, novios, finalmente esposos... Lo cierto es que ahora lo extraño.  Lo extraño mucho.  Estábamos muy enamorados y creo que eso nos afectó mucho en algunas cosas.  Hay veces que me dan ganas de volver a nacer para poder arreglar tantas cosas que no pude aclarar cuando era el tiempo adecuado. Dónde estarás ahora... quizás, seas vecino mío y ni me di cuenta, o quizás estás viviendo fuera del país.  Quizás ni siquiera estés viviendo... No. No puedo ser tan pesimista.  Lo cierto es que siguen pasando los días y no aparecés.  Me prometiste que volverías.  Me lo juraste.  ¿Cuándo?  Hace exactamente diez años...  Hoy,  hace treinta y nueve años de aquella mañana lluviosa.  Recordé aquel día porque hoy, me pasó lo mismo... qué curioso que es todo a veces, ¿no?  Hoy las tostadas se me quemaron, la leche se me cortó y el café volvió a hervir.  Y hoy, debo ir a pagar el recibo del  agua.  Explotó el tanque y no quiero ni pensar en el costo de la  boleta. En fin... nadie es perfecto...

Sofía

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LA PUERTA

  Era una noche de enero, llovía. La lluvia golpeaba fuertemente el vidrio del balcón de Ana. Hacía rato miraba cómo caía la lluvia, pensaba en cómo la lluvia  podía tener la fuerza para cambiarle el ánimo a una persona; la podía poner triste,  alegre, deprimida... A Ana la ponía triste. Siempre que llovía, Ana se acordaba de su abuelo, que un día de lluvia de enero le contó esta historia:

  "Hace muchos años, cuando tú todavía no habías nacido, la abuela Teresa y yo festejábamos en Polonia mi cumpleaños número 37 y aprovechando que era un día de reunión familiar, lo festejamos con toda la familia.  Como sabrás, esa era la época de la Segunda Guerra Mundial, pero nosotros éramos muy jóvenes y todavía no nos habíamos dado cuenta cuán importante era la  vida. Ya eran como las 11 de la noche y toda la familia se había ido. Yo ya estaba en la cama cuando escuché el timbre de la puerta. La abuela abrió y no escuché nada más. La llamé, la busqué, pero nada; nadie contestó. Nunca supe nada más de la abuela, hasta que un día, el que abrió la puerta  fui yo. Era una noche lluviosa de enero, cuando acostado en el poquito lugar que tenía, la vi..... Vi a la abuela muerta y muy maltratada en un campo de concentración. La vi por el pedacito de ventana que podía, en esa noche de invierno,  mientras la lluvia golpeaba fuertemente la ventana."

  Yo

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Actualizado: Junio 3, 1999.