Redificando LetrasIV ENCUENTRO - 1998

Primer Nivel – Narrativa

Título
Seudónimo
Nombre
Institución
Un viejo sueño
Osiris
Estéfany Dusio
Liceo Logosófico
Travesía
Mirilí
Patricia Martín
Col. Richard Anderson
Mi amiga
Luli
Lucía Vázquez
Inst. Uruguayo-Argentino
El abuelo
El niño
Lucas Sotelo
Liceo Nº 20
El bisabuelo
La bisnieta
Claudia Chackelson
Col. José Belloni
El mensaje
Ottawa
Nicolás Ottavis
Inst. Uruguayo-Argentino
El misterioso diario
Fabi
Fabiana Muñoz
Inst. Uruguayo-Argentino
Jack
Parker
Martín Pérez
Inst. Uruguayo-Argentino

 
 
UN VIEJO SUEÑO

 Se encontraron dos amigas luego de muchos años y recordando viejos tiempos una de ellas comenta:

   - ¿Recuerdas cuando éramos chicas? Desde entonces nos encantaba la ciencia y leer libros sobre los planetas y el universo.

   - Sí, ¿y todavía tienes aquel cuaderno en el que anotabas tus sueños que luego compartías conmigo?

   -¡Claro que lo tengo! El más lindo que anoté fue el sueño de aquel extraño científico.

   - Ése no lo recuerdo. ¿Cómo era?

   - Estaba caminando con mis compañeros de clase con rumbo a la escuela y como me olvidé de un cuaderno di la vuelta y volví hacia casa.

  Antes de llegar, me encontré en la esquina con una escena que no había visto al pasar. Había allí un cohete espacial blanco, pequeño, con la forma cilíndrica característica. También un edificio blanco y un pizarrón de igual color, de madera, grande, lleno de fórmulas matemáticas entre las que reconocí la famosa e=m.c2 de Einstein.

  De algún lugar salió a mi encuentro un señor de aspecto extraño, algo viejo, con una redonda calvicie rodeada de blanco pelo, algo largo, con lentes y túnica blanca: el típico científico.

   Yo estaba fascinada observando la nave espacial, cuando él se me acercó y me dijo amable:

   -¿Quieres que te explique cómo es que se mantienen en la superficie de un planeta los autos espaciales en los que se trasladan los astronautas?

   -¡Sí! ¡Me encanta todo lo relacionado con el espacio!

   Y comenzó a explicarme, sobre la gravedad, los planetas y otros detalles que ahora no recuerdo, pero que me dieron un interesantísimo panorama sobre el tema. Sabía mucho; eso se notaba; se sentía. Luego le pregunté:

   -¿De dónde llegó el hombre a la tierra? ¿Cómo fue creado?

   Él se quedó sin hablar. Como pensativo, callado, mirando la pizarra. Como mirando más allá de la pizarra... Esto me intrigó mucho. Me pareció que él sabía la respuesta, y por alguna razón no me quería contestar. Comencé a inquietarme, ¿por qué no me respondía?, ¿qué era lo que lo detenía?. Sentía que estaba tan cerca de tener una respuesta y sin embargo él callaba...

   Sentí como mi tono de voz cambiaba por mi ansiedad:

   -¿Quién eres?, ¿Cómo te llamas?, ¿De dónde vienes?

   No me contestó; pero algo en su actitud me serenó. Entonces le dije:

   -¿Dónde te vuelvo a ver?

   No me contestó esto tampoco. Ya no me hablaba. Miraba a lo lejos, sereno, callado, paciente. Su imagen se comenzaba a desvanecer.

   Pregunté otra vez con ansiedad: -¿Dónde te vuelvo a ver? ¿Dónde vuelvo a encontrarte? ¿Cuál es tu dirección? ¡Quiero que me sigas explicando cosas!

   Finalmente se había ido. Otra vez veía los árboles, la calle y las casas de la esquina de mi casa como siempre.

   -¡Me desperté! ¿Lo recuerdas ahora?

   -Sí, ¿nunca más lo volviste a soñar?

   - No, pero sigo esperando. Estoy segura que nos volveremos a encontrar.

Osiris

Al índice
TRAVESÍA

   Era primavera en el cielo y en la tierra. En el cielo muy azul, sin una nube, en el monte florecido. Octubre venía ya con calor. Un calor adelantado, casi inusual en esa época del año.

   Valeria, compañera y amiga de viajes y regatas, ya en mi velero, ya en el suyo, compartiendo sábados y domingos en el puertito del Buceo, decidió acompañarme como tantas otras veces. Pero esta vez fue algo inusual y distinto. Mi tío y mi abuelo enamorados del río y de la pesca nos prometieron un fin de semana en San Gregorio de Polanco, en el corazón de mi país, a orillas del Río Negro. Y allá fuimos.

   Soñábamos con la travesía largamente prometida, cambiando mar por río, "optimist " por lancha a motor. Saldríamos al día siguiente río adentro. Todos dormían la siesta pero Valeria y yo, por ansiedad, curiosidad o simple inconsciencia nos fuimos, en lugar de dormir, al pequeño embarcadero. Subir a la lancha y poner su motor en marcha fue todo uno. Y ante los ojos asombrados de unos pescadores, que estaban allí seleccionando su pesca, partimos libremente, solas y dueñas de la embarcación, río arriba.

   La lancha, pequeña, de fácil dominio, la proximidad de las orillas y el río apacible y sereno, nos brindaban seguridad. Todo esto nos invitaba a continuar nuestra aventura, nos sentíamos libres y felices. ¡Qué maravilla la sensación de libertad!

   El río visto de adentro sin obstáculos, el cielo inmenso y muy azul, de trecho en trecho el verde de los árboles, se pintaba de rojo por los ceibos o de amarillo intenso por las retamas en flor. Y acostándose, en las arenas de las orillas, veíamos la pereza de los sauces llorones o la elegante, silueta de la palma butiá.

   Y así un buen rato por aquella vía verde. Pero... de pronto el motor comenzó como a toser, como a ahogarse. Miré a Valeria; ella me miró a mí. Vuelta a arrancar, vuelta a toser y al final, enmudeció.

   El silencio era mortal. Insistimos. ¡Nada! Insistimos otra vez, no había caso, el motor no era la vela, la brisa que había empezado a soplar, no nos servía de nada. Volví a mirar a Valeria, la lancha no era el velero, no estabamos en el Buceo y no estaba nuestro querido gomón. Empecé a asustarme, Valeria parecía tranquila pero desconcertada. Insistimos otra vez con el motor pero este había callado para siempre, se negaba a todo. Estabamos a la deriva. Miré a mí alrededor. El cielo ya no me parecía tan claro, ni las orillas tan cercanas. Sabíamos nadar pero en caso de llegar a la orilla, ¿dónde estábamos?. De vuelta a insistir con el motor, pero nada, el motor había enmudecido y nosotras también, enmudecidas pero de terror. Sobre la superficie del río, miles de mosquitos y libélulas eran presas de la voracidad, de paces dorados que emergían del agua en busca del bocado exquisito. Algunos camalotes se habían desprendido del remanso de la orilla y flotaban livianos luciendo sus inigualables flores azules.

   En ningún momento nos dijimos con Valeria el terror que nos invadía. En el silencio total, nuestro y del río, comenzó a destacarse un leve zumbido. ¿Sería verdad o ficción?. Miré al cielo esperando ver alguna avioneta, muy comunes en esa zona del país. ¿Nos verían? ¿Cómo hacerles señas?

   El ruido se aproximaba y se oía nítidamente, pero en el cielo ¡nada !. De pronto desde un recado del río comenzó a tomar forma una pequeña cascarita de nuez, velozmente se nos acercaba y cada vez se nos hacía más visible. Se agrandaba más y más, como traída con nuestra desesperación.

   Dentro de esa lancha, vimos primero la cara sonriente de Horacio al timón y junto a él dos caras muy serias, que no sonreían. Mi tío y mi abuelo ya eran una realidad a nuestro lado.

   - ¡No arranca el motor!- dijimos Valeria y yo a modo de justificación y saludo.

   - ¡Claro!- dijo mí abuelo- un motor sin combustible no arranca así porque sí.

   El transbordo se hizo en silencio, el viaje de vuelta también. La alegría del reencuentro suavizó un poco el rezongo.

   - Nosotras, no sabíamos qué teníamos tan poco combustible.

   Nadie contestó nada, por un rato.

   - No tendrían que haber salido solas.- dijo mi tío.

   - Nos avisaron los pescadores- dijo Horacio.

   Desde esa vez nos sentimos mucho mejor cuando el combustible de nuestro velero es el viento y nuestra salvación además de las rachas, es Talla (nuestro instructor) que como el ángel de la guardia, acude a protegernos en su gomón.

Mirilí

Indice
MI AMIGA

   "- Dale, ma; tengo que ayudar a "LU" a hacer un cuento."

   Yo estaba en el cole, "en las nubes" (como siempre) pensando en qué excusa iba a inventar para poder faltar el lunes: tenía un montón de tareas, un escrito de I.C.F. y -¡peor!-, hacer un cuento, para Idioma Español."¡QUÉ GARRÓN!".

   Me imaginaba yo haciendo tareas y estudiando, y "mi amiga", jugando en el jardín a la pelota con mi hermano y sus amigos. . ¡NO! Eso no, la excusa tiene que ser…

   - "Vázquez, ¿preparó la lección?"

   - "¡¿Eh?!" No sabía qué decir. Seguro que Pedro, el "profe" de Geografía me pondría un uno; pero no había estudiado, así que el uno me lo tenía que tragar.

   - "No, pero por favor, te juro que para la próxima lo preparo. ¡No me pongas nota baja! .

   - "Esta vez "zafé", pero estoy segura de que la próxima me va a ir mal si no estudio".

   "¡¡RING!! El timbre de salida.

   Estaba ella, "mi amiga" con la que íbamos a pasar un buenísimo fin de semana, aunque... Nada. Nos fuimos a casa. Por fin, viernes; por fin, "dejar de pensar" por dos días, pero... Nada. El fin de semana pasó "re-rápido". Ya me había olvidado de la tarea, el cuento, estudiar y del cole. Había un motivo por el cual tenía que ir el lunes, porque...

   - Che "LU", ¡dónde están mis patines!-

   - ¡Voy, voy! - ¡Nunca encuentra nada! .

   Ya era hora de cenar y todavía no había ni empezado a cumplir con mis obligaciones.

   Cuando nos acostamos, "mi amiga", me recordó, que había que hacer el cuento, pero yo ya estaba en mi "quinto cuento", - digo, "sueño"- Creo que se relacionaba con la tarea: un cuento y ¿un escrito de I.C.F.? .

   Cuando nos despertó mamá, me acordé de las mil cosas que tenía que hacer, y me entraron las ganas de no ir. Pero… ¿el motivo?, ¡mi motivo!, ¿qué iba a hacer?

   -Mejor lo soluciono por teléfono; sí, va a ser lo correcto. Pero... No me pude quedar tranquila. Las cosas, por teléfono, no se solucionan como. -¡No importa! .-

   Eran las 12:00 y "mi amiga" ya se había ido. Esperé y esperé, algún llamado, una invitación. "algo". Pero... "nada". Sólo gente, por negocios; mi abuela porque no habíamos ido, los amigos de mi hermano. Nadie que yo esperara. Y me quedé sola, aburrida, pensando en cuándo iba volver, ella, ella, ¡¡MI GRAN AMIGA!!… ¡¡La inspiración!!

Luli

Indice
EL ABUELO

   1980 era un año muy difícil en la casa de Tomás. La dictadura había afectado mucho su familia y él trabajaba para mantenerla. En casa vivían su madre y sus abuelos. Su padre había fallecido en 1973 y desde entonces todo había cambiado. Su madre estaba prácticamente loca de tanta angustia y falta de dinero. Tomás era un chico de 16 años que comprendía la situación familiar. Su abuelo, de 93 años, era un hombre muy fuerte pero Tomás sabía que no le quedaba mucho tiempo de vida.

   Un día el abuelo propuso una salida a pescar. Fueron al arroyo Solís, que no quedaba lejos de su casa, donde siempre iba de niño con su padre. Pescaron durante cuatro o cinco horas en aquel lugar apartado hasta que una tormenta empezó a desatarse. Tomás y su abuelo corrieron entre la lluvia y los relámpagos hasta llegar a su casa. Al llegar se sentaron junto al fuego y comenzaron a hablar de fútbol y de la vida.

   Al caer la noche, cansado por la pesca y la corrida, el abuelo se fue a acostar. Tomás lo miró alejarse hasta que cerró la puerta del dormitorio y se puso a contemplar la foto de su padre que colgaba junto al fuego. Allí se quedó, al calor, hasta dormirse, pensando que mañana sería otro día.

El Niño

Indice
EL BISABUELO

   Antes de empezar a narrar esta historia, pensé que podía escribir un cuento tal vez con personajes fantásticos o con paisajes lejanos. Pero no me llegaban lo suficiente. No hubiera podido escribir una línea. Cerré los ojos entonces; y recordé a mi bisabuelo: José.

   José había sido colchonero, guarda de tranvía y muchas otras cosas más y especialmente relojero. Amaba los relojes, los podía armar y desarmar fácilmente empleando toda la paciencia del mundo. Sus manos se movían ágiles al contacto de las pequeñas piezas. Su acento era polaco, había nacido en Bresne en 1901 y viajó más de 20 días en un barco para llegar a América en 1923.

   Era un inmigrante cuando llegó al Uruguay en busca de mejor suerte económica. Sólo sabía decir en español "pan" y "relojero" que era su oficio. Más de una vez durmió en una plaza, y trabajó de muchas cosas hasta que al fin pudo dedicarse a lo suyo. Lo mágico de José era que había vivido mucho y sabía como hacerlo, o por lo menos cómo hacerlo con optimismo y con fuerza. Cuando pudo juntar algo de dinero para enviar a su familia para que pudieran venirse con él, éstos prefirieron quedarse en Polonia. Pero él siempre sonreía.

   Me daban gracia sus cuentos, sus expresiones y su acento. Leía todo lo que caía en sus manos, estaba siempre informado, pero no era "un intelectual", "serio", y "formal". Sus amigos de "infortunio" de los primeros tiempos en Montevideo progresaron todos y pusieron sus negocios. Pero José, siempre, desde que pudo y hasta el final de sus días fue un relojero. Reparaba el reloj al policía, al obrero o a quien fuera. Amaba su oficio y se dio el gusto de poder trabajar en lo que deseaba. Vivía en el barrio Sur y como canta Jaime Ross fue el viejito relojero de la calle Convención. También él siempre se dio el gusto de vivir como deseaba, como sentía.

   Empecé a conocerlo desde que tuve cuatro años de edad, por lo menos desde esa época lo recuerdo; él ya tenía 88 años, pero era un niño igual que yo. Era mi amigo, nuestra amistad duró siete años. Los domingos a la tarde lo visitaba, él vivía solo:

   - Hola (golpeteaba mi espalda fuerte y sonreía mucho)

   - ¿Cómo estuviste? ¿te sientes bien?

   - Por supuesto, ya estoy recuperándome de mi accidente; sólo es cuestión de tener más paciencia para cruzar. Ya mismo nos vamos al parque.

  - Contame el cuento del gato de tu hermano.

  - Bueno... mi hermano tenía un gatito llamado Pesssgui (así sonaba su acento) y el gatito podía estar a 2, 3, 4 cuadras de la casa (y hacía muchos gestos) y cuando mi hermano gritó (conjugaba mal los verbos) Pesssgui el gatito estaba acá  (y se señalaba el hombro).

   El último domingo José no se sintió bien; se había caído de un escalón.

   - Hola, hola (sus golpeteos en mi espalda eran más suaves, igual se reía). Vamos a hacer mandados juntos, podemos comprar chocolates.

   - Bárbaro, marchemos (nuestro té fue tranquilo, pero divertido como siempre).

   - Sabés, tengo que contarte lo que me pasó el viernes en la escuela...

   - Pero no te preocupes, ja ja ja (y entre broma y broma y la actualidad mundial terminamos nuestra "velada" a las 21:30hs).

   El lunes mamá y la abuela estuvieron tristes y preocupadas; el bisabuelo no había querido comer. Falleció a los pocos días. Tenía 96 años.

   No sé si lo amo más porque era mi bisabuelo, pero lo cierto es que fue un gran amigo. El no está, pero eso ya no importa, porque jamás olvidaré su sonrisa.

   Creo que para ser feliz se necesita vivir mucho como mi bisabuelo, pero seguir haciéndolo siempre como si se fuera un niño.

La Bisnieta

Indice
EL MENSAJE

   Había una vez una señora que se llamaba Violeta, quien todos los años, iba con su marido a Mar del Plata, a veranear. Ella y él, Eduardo, tenían un tiempo compartido frente a la playa, donde solían pasar el día durante su estancia en esta bella ciudad bonaerense. En el lugar donde se alojaban, había un lujoso restaurante en el que almorzaba la mayoría de la gente que se hospedaba ahí. Al lado de éste, había una enorme y hermosa piscina. Violeta y Eduardo, dejaban su habitación a las nueve de la mañana para ir a la playa. Allí se quedaban hasta la una y se iban a comer al restaurante del complejo.

   Un día, mientras cenaban, recibieron una llamada de sus amigos, Carlos, Marita, Juan Manuel y Fernanda, diciéndoles que llegarían a Mar del Plata tres días m s tarde, y si podrían ir a buscarlos al aeropuerto. El jueves, esperaban por los viajeros en la confitería cuando, de repente, ella "sintió" unas voces que decían: "Violeta... Eduardo... Violeta ..." ¡Eran las voces de sus amigos!...

   Pero al darse vuelta, no vio a nadie. De nuevo volvió a escucharlos; esta vez disculpándose por preocuparlos. Tampoco vio a nadie y comenzó a intranquilizarse. Le estaba comentando a su esposo lo que le había sucedido, cuando tuvo que interrumpir su conversación porque los parlantes del aeropuerto empezaban a transmitir un comunicado "-Lamentamos informar que el vuelo 915 ha sido declarado en estado de emergencia. Desconocemos la causa de esta situación. Informaremos a la brevedad."

   Tristes los dos, pero con una sensación de que nada malo había pasado, se dirigían al hotel; de pronto Violeta quedó largo rato mirando la pista vacía.

   Poco a poco la alegría volvió a su rostro. Como saliendo de su sueño le dijo: "No te preocupes Eduardo; fue un incidente sin importancia. Están bien, asustados, pero por hoy no podrán visitarnos."

Ottawa

Indice
EL MISTERIOSO DIARIO

   Un día de otoño, después del colegio, Tomás fue a buscar a Josefina para ir a explorar casas abandonadas. Era el programa de todos los lunes, pero esta vez fue distinto.

   Ésta era la casona de los Haiendass, aquella misteriosa familia de la que todo el pueblo siempre había hablado. Grande y vacía, muy triste. Una de las habitaciones del segundo piso era distinta a las demás. La cama estaba cubierta por un enorme acolchado rosado, al igual que las cortinas. El ropero estaba lleno de ropa, como si todavía viviera gente.

   - José mirá lo que encontré. Es un diario íntimo.

  - Dale, leélo.

   - Tre-tre-es de-del on-once-e de-d-dee mi-mil.

  - Dame que leo yo -dijo José, interrumpiendo.
 
 

3 de noviembre de 1953 
Querido diario:
   Hace mucho que no te escribo porque me sentía muy mal, ya que mi madre falleció hace tres meses. No sé qué va a ser de mi vida sin ella. Siento un vacío enorme. No creo que mi padre esté muy triste, pero finge extrañarla mucho. Una nueva mujer llegó hoy a casa; se llama Clara Campbell. Es flaca, morocha, de ojos negros y parece ser interesante. Se pasa todo el día coqueteando con mi padre. Pareciera como si ya se conocieran de antes. Me regala cosas todo el tiempo y pretende quererme. Odio cuando me mira con esa sonrisita falsa que tiene. Mañana es su cumpleaños y va a hacer una fiesta en casa. Creo que me voy a aburrir mucho.

   - Qué interesante, parece un cuento de hadas -dijo Tomás, asombrado con la historia

   - Dale, seguí leyendo.
 

                                                                                    15 de noviembre de 1953
Querido diario:
   Perdoname por no haberte escrito en casi dos semanas, pero es que estuve muy ocupada cuidando a papá, que se descompuso repentinamente. Estoy empezando a sospechar algo de la Señora Campbell. El otro día la vi en la plaza con un hombre. Hablaban medio escondidos, como si estuvieran ocultando algo. No le quise decir nada a mi padre porque no quiero preocuparlo, ya que no se siente muy bien.
16 de noviembre de 1953
Querido diario:
   Hoy vino a casa el mismo hombre que estaba ayer hablando con Clara, en la plaza. Dijo que era el primo que vivía en Buenos Aires. Yo no le creí nada. Oí que decían algo como "qué vamos a hacer con la nena ". No entendí mucho pero creo que están tramando algo.
 
 
17 de noviembre de 1953
Querido diario:
   Hoy papá se fue a la ciudad y no vuelve hasta dentro de una semana. Yo me tengo que quedar con Clara hasta que mi padre regrese. Ojalá mamá siguiera viva. ¡Todo está tan frío y raro desde que se fue!.
18 de noviembre de 1953
Querido diario:
   Ya no sé qué hacer. Clara demostró ser una verdadera bruja. No me deja hacer nada y me grita todo el tiempo. Estoy empezando a extrañar a papá. Quiero que vuelva de una vez y que se entere de quién es la Sra. Campbell, en realidad. Hoy se enojó con la cocinera y la echó; ahora sí que estoy sola, sin nadie que me apoye en los momentos difíciles.
 
25 de noviembre de 1953
Querido diario:
   Falta un día para que llegue papá. Estoy asustada. Hace días que, de noche, siento voces en el cuarto de la cocinera.
26 de noviembre de 1953
Querido diario:
   Son las dos de la tarde, papá ya tendría que haber llegado. De mañana me pareció haber escuchado a Clara hablando por teléfono con el hospital. No me quiso decir nada. Algo anda mal. Siento pasos.

   - Dale seguí leyendo - le dijo Tomás a José, ansioso por saber qué pasaba- no dice nada más.

   - ¡QUÉ FUE ESE RUIDO!

Fabi

Indice

 
JACK

  - Abue, ¿me contás una historia?

  - No, mi amor; ahora no puedo...

  - ¡Dale, "porfa"!, una cortita.

  - Bueno, está bien, ya que estás tan entusiasmado...

  - ¡Escuchá bien!

  Hace aproximadamente cien años, como en los 1850, un terrible asesino acechaba las angostas, pequeñas y poco iluminadas callejuelas de, en ese entonces, una ciudad tan importante como era Londres. En aquellos tiempos las mujeres no se vestían como ahora; llevaban una pollera larga, casi hasta el piso, una blusa generalmente marrón y un pañuelo blanco sobre la cabeza. Los ciudadanos reclamaban comida, porque el Rey que tenían en esa época era cruel y no tenía consideración por nadie.

  - Hola mamá, ya llegué... ¿Qué estás haciendo?

  - Contándole una historia al nene.

  - Ah, bueno; seguí tranquila que no te vuelvo a interrumpir.

   - Bueno... Una noche completamente tupida de niebla, una persona de quien no recuerdo el nombre escuchó unos gritos que suplicaban ayuda. Lógicamente, este señor fue corriendo, pero ya era tarde: lo único que llegó a ver fue la sombra del asesino. A la media hora, llegó la policía y se llevó el cadáver. La única evidencia fue un pañuelo cubierto de sangre, perteneciente a la víctima. Al día siguiente, la noticia ya se había expandido por todo Londres. La gente bautizó al asesino como "Jack, El Destripador"; pero, a la vez, sospechaban del Príncipe. Esa misma noche del 28 de octubre, cayó la segunda víctima de "Jack". Obviamente, "el destripador" no era ningún estúpido; siempre elegía el lugar y el tiempo correctos.

   -¿Estás asustado... o querés que te siga contando, hijito?

   - ...Ug, no no, seguí... ugh...

   - Después de estas víctimas hubo tres más. En el momento en que mató a la tercera, dos policías lo empezaron a perseguir, pero...

   - ¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAH!!

   - María, ¡¿estás bien?! ¡¿Hija?!

   - Sí, mamá, estoy bien; fue sólo un uff... pequeño corte con el alicate.

   - ...Ah..., ¡qué alivio!

  - Abue... ¿hoy puedo dormir con vos, en tu cama?

Parker

Indice


Vuelve a la página principal de la Red Educativa Uruguaya
Vuelve a la página principal del proyecto REDificando Letras

Colonia 1637 CP 11200
Tel: +598 2 4097020 Fax: +598 2 4093219 BBS: +598 2 4095977*
Montevideo - Uruguay - América del Sur
Actualizado: Junio 3, 1999.