III
ENCUENTRO - 1997
Trabajo más votado por los usuarios de la Red Educativa Uruguaya
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Era
una tarde soleada, pero fría; la gente en sus casas tomaba
té o jugaba a las cartas, ¿qué más podía
hacer, en una tarde como aquella?
En
una ventana, se apoyaba la cabecita de Martín, que no dejaba
de pensar en lo aburrido que estaba. Cuando de repente, sus ojos se iluminaron:
una nueva familia se mudaba a la casa de al lado. La
familia estaba compuesta por tres integrantes: dos mayores y una
linda niñita de aproximadamene diez años de edad, como
Martín.
Eran
las seis de la tarde, su madre acababa de regresar del trabajo. Martín
corrió a contarle que tenía nuevos vecinos e inmediamente
su madre ofreció invitarlos a merendar; Martín
muy contento, fue a la casa de sus vecinos pero en medio del camino
pensó: ¿y si aquella niña tan bonita rechazaba
la invitación por él ser tan feo? Entonces retrocedió,
y le dijo a su madre que fuera ella. Su madre accedió de buen modo
y rápidamente.
Esperó
ansioso. Miró por la ventana y vio acercarse a su madre acompañada
de esa familia, se sentó en el sofá y esperó.
Durante
la merienda conversaron animadamente haciéndose muy
amigos.
Pasaron
dos semanas y los niños debieron comenzar el colegio, casualidad
no fue que los anotaran en la antigua escuela de Martín pues las
madres se habían hecho muy amigas al igual que los padres.
Así
empezó la gran amistad de Martín y Romina.
Martín
siempre había sido el reír de sus compañeros
por sus grandes lentes y sus aparatos, pero ahora ya no le importaba, tenía
una amiga en la que confiar; en cuanto a Romina compartía
mucho tiempo con Mati (así lo llamaba ella) y por eso confiaba plenamente
en él.
Ya
habían pasado seis meses y los chicos como de costumbre marcharon
rumbo a la playa, ése era un secreto de ellos. Cada tarde luego
del colegio marchaban a ese maravilloso lugar. Él no sabía
cómo decírselo, pero quería confesarle que lo que
sentía por ella era algo más que amistad, AMOR, y pensó
que ese lugar era el apropiado.
Entonces
lo hizo lento pero seguro: le confesó su amor. Ella sentía
lo mismo que él. Así fue que por primera vez para los dos:
fueron novios. Pasaban los años y se agrandaba el cariño
mutuo, nunca se peleaban y siempre estaban juntos; un montón de
árboles tenían marcadas las iniciales: M y R, porque además
de ser como hermanos y mejores amigos, eran novios!!!
Llegó
el verano.
Estaban
andando en bici, porque, por cierto, veraneaban en el mismo lugar.
Cuando encontraron una bajada muy empinada, él decidió dar
vuelta pero ella quiso tirarse a pesar de las advertencias de Mati (su
primera pelea).
-¿No
confías en mí? Piensas que no sé tirarme de esta bajada?
Dijo ella como burlona. Y se tiró. Sucedió lo temido
por Martín. Se cayó y dio tantas vueltas por el pedregullo
que a Martín parecía no latirle el corazón de
lo pálido que estaba. Cuando la vio desmayada en el piso no
supo qué hacer, pero no pudo evitar pensar lo peor, así
fue que su grito de desesperación fue escuchado por
mucha gente que se acercó al lugar de lo sucedido, y la chica fue
trasladada al hospital.
Pasaron
tres semanas y Romina seguía entre la vida y la muerte.
Faltaban
tres días para el cumple de Romi, y ¡qué injusto! ¡En
el hospital!!!
Martín
bajaba las escaleras, cuando escuchó la conversación de su
madre con la de Romi; según lo que decían o ésta se
moría o se quedaba muda.
Y allí
fue cuando Mati hizo la promesa: "Si Romi se salva prometo no hablar hasta
que ella hable"
El
día del cumple de Romi lo máximo que pudo hacer fue enviarle
un gran ramo de flores, y mirarla de lejos.
Pasaron
tres meses y Romina regresó a su casa.
Martín
la estaba esperando, ya todos sabían que no iba poder
hablar, así como también notaron que Martín al haberse
enterado de que Romi quedaba muda no habló m s, pero pensaron ya
se le pasar. Pero no se le pasó.
Martín
había inventado un idioma secreto con Romi,lo cual le gustaba más
que hablar. Con Romi compartía todo, otra de las cosas que compartía
era la forma de comunicarse, a pesar de que Martín fue enviado a
muchos psicólogos no rompió su promesa.
Pero
pasó lo peor Romina fue enviada a Brasil para una mejor escuela
de mudos.
Martín
sufrió la pérdida, fue condenado con la soledad.
Pasaron
los años y ninguno tuvo contacto con el otro.
Luego
de seis años Romina volvió y para quedarse.
Llegó
a su casa, pero no era eso lo que le interesaba sino ver a Mati.
Mientras
iba hacia su casa, se acordó de la horrible despedida.
Por
fin llegó ante la puerta y allí lo vio. ¡Estaba tan
lindo!
Bastó
con miradas para que los dos corrieran a abrazarse.
Por
supuesto que Romina pensaba que Martín al no verla hablaría
normalmente, pero descubrió que no, al ver que le respondía
a su padre con gestos; como también le pidió casamiento con
gestos.
En
medio del casamiento todos se asombraron al ver que la muchacha había
respondido al cura con un "SÍ", ¡HABÍA HABLADO!
¡Nunca
antes había visto llorar a la gente con una sonrisa tan grande en
la cara!
...Y salieron los novios, abrazados, hablando con gestos.
Sol (1er. año)