
|
Hace siete años comenzamos con el proyecto REDificando Letras. Nos lanzamos a la aventura de un Encuentro Literario que apuntaba a la utilización de la tecnología como soporte del arte más antiguo: crear a través de la palabra. Nos iniciamos con la participación de cincuenta y cinco producciones, hoy alcanzaron las ciento veintitrés representativas de veintitrés instituciones. En este tiempo, fue grato ver a jóvenes que escriben, que al hallar un modo válido de expresión en la palabra escrita, año a año han crecido, madurado espiritual y creativamente. Muchos de ellos siguen hoy en carrera, algunos cosechando elogios más allá de los nuestros. Nos reconforta saber que fuimos, aunque lateralmente, parte del proceso. También nosotros crecimos con ellos. |
![]() |
|
Siete años. Siete encuentros. Siete, número cargado de significados,
conscientes e inconscientes que no pueden ser dejados de lado. Siete en
la naturaleza: las notas, los colores, los planetas; siete en la tradición:
años de mala suerte, de vacas gordas y flacas; siete en la literatura,
en la infantil: los siete enanitos de “Blancanieves”, las botas de siete
leguas del gato, las siete moscas del “Sastrecillo Valiente”, por citar
algunos. Es el número del ciclo consumado tras el cual se
produce la renovación, símbolo de la actividad creadora,
de la totalidad, pero no de lo pasivo consumado, sino de una totalidad
en movimiento. Representa el fin, y, a la vez, el principio de un camino.
Hoy, es casi imposible dejar de remitirnos a su profundo sentido cuando nos toca la difícil tarea de realizar un prólogo para este Encuentro. Hace pocos días nos dejó Julio César da Rosa, referente obligado del quehacer literario de nuestro país, y de la tarea educativa de este Colegio, del que fue Consejero, abuelo de alumnos, guía, amigo. Muchos de aquellos que participaron y participan en REDificando se iniciaron con él en los placeres de la lectura. Suyo fue hace siete años el primer prólogo, fue con él con quien compartimos la primera teleconferencia y realizamos la primera entrega de libros. Siempre dispuesto a brindarnos su generoso apoyo, él, que decía preferir “mano y lápiz” para el oficio de escribir, dejando la computadora para sus nietos, fue el referente de este REDificando que apuntaba, a fines del siglo pasado, a unir oficio y tecnología.
Hoy sentimos que se cumple un ciclo, un círculo se cierra, es el
momento necesario que permite la renovación, porque, al decir de
Don Julio, también “la muerte es parte de la vida”.
El
Tribunal
|
|