VIGENCIA Y PROYECCIÓN
DEL PENSAMIENTO DE VARELA

Habla el Esc. Saúl Cestau, Profesor, Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

Conferencia pronunciada el 28 de noviembre de 1968.



 

   La Sociedad Uruguaya de Enseñanza y el Colegio Nacional José Pedro Varela que felizmente siguen fieles al ideario que les dio origen, no podían ni debían quedar al margen de los actos que se vienen realizando a lo largo y a lo ancho de la República en conmemoración del centenario de la Sociedad Amigos de la Educación Popular. Es en razón de ello que los dirigentes de tan prestigiosas instituciones han organizado este ciclo de conferencias llamadas a mostrar en su conjunto los aspectos fundamentales de la vida y de la obra del gran reformador de nuestra enseñanza pública.

   Conforme a lo proyectado, pesa hoy sobre nosotros la tarea de estudiar la proyección y la vigencia del pensamiento de José Pedro Varela. La obra escrita de J.P. Varela cubre rubros muy variados, pero fundamentalmente se centran en estos dos: teoría general de la educación y metodología de la enseñanza.

   De sus libros hay tres cuya consulta es indispensable para poder penetrar en el ideario vareliano y desentrañar la gravitación que tuvo en todo lo relacionado con la enseñanza pública en los distintos niveles. Las obras aludidas no son otras que las siguientes:

   La reforma vareliana alcanzó a la Escuela, la Enseñanza Media y a la Universidad.  La reforma educacional promovida y realizada por Varela es, enseña Alberto Zum Felde en su “Proceso Histórico del Uruguay”, el fenómeno más concreto del movimiento racionalista en las ideas producidas en el país en la segunda mitad del siglo XIX, y como reacción con respecto al espíritu tradicional eclesiástico y a las normas conservadoras que predominaban desde la Epoca colonial.

   El pensamiento de Varela se nutrió e integró a base de las dos grandes corrientes internacionales que se enfrentaron a lo largo del siglo pasado: la de la educación popular, la de la educación común y la de la educación científica. Eran, como lo han puesto de relieve diversos estudiosos, corrientes de naturaleza, proyecciones y orígenes muy diferentes.  En lo esencial, enseña Arturo Ardao, el pensamiento de Varela es una síntesis de ambas corrientes y sin necesidad de un gran esfuerzo, puede demostrarse que las ideas rectoras de la corriente de la educación popular prevalecen en los trabajos de Varela relacionados con la escuela y que, en cambio, las de la educación científica sobresalen en todos sus trabajos encaminados a la reforma de la enseñanza media y superior.

   El ideario vareliano es muy rico, muy variado, muy profundo y, al igual que Martí, habría podido Varela decir al final de sus días que nada había escrito sin sangrar ni pintado sin haberlo visto antes con sus ojos.  A lo largo de su brevísima vida estudió mucho, pensó con profundidad, proyecto con audacia y realizó los planes pedagógicos y administrativos, buena parte de lo que se propuso.

   En su afán de realizar la obra que ha juzgado imprescindible no tuvo vacilación ni desfallecimiento y, a semejanza de los tejedores de Lyon de 1810, ajustó su vida al lema de vivir trabajando o vivir combatiendo.  Hombre afecto a las ideas nuevas, fue de pensamiento revolucionario y opositor que nace insobornable a los fanatismos, dogmas y preconceptos absurdos. Proclamó siempre y sin desmayos que la educación del pueblo era “la única y verdadera locomotora del progreso”, “sólo educando al pueblo, repitió en más de una ocasión, alcanzaremos la paz y el desarrollo deseados“ y hoy podemos afirmar sin que se nos acuse de exagerados, que tan lúcido como Sarmiento, comprendió que la finalidad inmediata de la escuela no era otra que la de convertir al niño en ciudadano.

   Las dificultades para desentrañar el ideario vareliano se acrecientan como consecuencia de la transformación que en pocos años sufrió su pensamiento en cuanto a filosofía y política. El ya citado Arturo Ardao, con la autoridad que todos le reconocemos en cuanto a la evolución de las ideas en nuestros principales pensadores, enseña: “en los comienzos, Varela era en filosofía espiritualista ecléctico, en religión racionalista deísta, en política individualista y en literatura romántico”  y que en el correr de los años se convirtió en “positivista evolucionista, aplicó el método sociológico al diagnosticar la crisis que el país atravesaba y se empeñó en dar desarrollo sociológico a sus ideas educacionales.”

   La brevedad del tiempo de que disponemos, la calidad de alumnos de enseñanza media que invisten buena parte de quienes nos escuchan, lo mucho y bueno que en este ciclo vareliano hay expresado ya Bruschera, Violante, Abbadie Soriano y Freira, son todos hechos que nos empujan a que sin más improntos, entremos de lleno en la cuestión de la vigencia y proyección del pensamiento de Varela.

   Luego de leer y volver a leer los trabajos escritos de Varela, de seleccionar las que hemos tenido por sus ideas fundamentales y de sopesar la proyección y vigencia de estas últimas, hemos llegado a la conclusión de que tres de sus pensamientos cardinales tuvieron efectiva proyección y mantienen en la conciencia pública absoluta vigencia. Son ellos:
 

  • la educación debe ser obligatoria, 
  • la educación pública debe ser gratuita, 
  • la escuela debe ser laica.

LA EDUCACIÓN DEBE SER OBLIGATORIA

   Hasta que se imponen las ideas de Varela, la educación no había sido entre nosotros obligatoria. En opinión de Varela, el Estado tenía el derecho y la obligación de establecer que la educación era obligatoria y al imponerla debía señalar el mínimun de instrucción obligatoria y la edad en que la misma debía adquirirse.

   Fiel a sus ideas, estableció en su proyecto de legislación escolar que era obligatorio a todos los niños y niñas de 5 a 15 años de edad el aprender, cuando menos, ciertas materias básicas (Art. 62 de su proyecto). De las múltiples razones que invocó al fundar su proposición de enseñanza obligatoria y universal, extractamos las siguientes, que mantienen en nuestra opinión integral vigencia:

A)  La libertad del hombre en sociedades limitadas y sólo un mal entendido liberalismo y un desconocimiento de los derechos del niño y de las conveniencias de la sociedad pueden oponerse al principio de instrucción obligatoria.

B)  La obligatoriedad de la educación salvaguarda al cuerpo social que se ve atacado por la conservación y propagación de la ignorancia.

C)  Ningún padre o tutor puede abstenerse de hacer participar a sus hijos o pupilos de los beneficios que la instrucción ofrece, y los que los privan de los mismos usan indebidamente sus derechos y el Estado debe impedirles tal desviación de conducta.

D) La ignorancia no es un derecho, es un abuso.

   ¿Qué fue a lo largo de los años del principio enunciado?  Se lo ha mantenido e intensificado, al menos en la letra de la ley, sin ningún quebranto.

LA EDUCACIÓN PÚBLICA DEBE SER GRATUITA

   Este principio ha prevalecido siempre en nuestra Escuela Pública. Gratuitas fueron en efecto las escuelas de primeras letras que se establecieron en todos los pueblos de la Provincia Oriental en cumplimiento de la ley del 9 de febrero de 1826.

   Varela fue fervoroso defensor de la gratuidad de la enseñanza pública y en su proyecto de Legislación Escolar estableció que “la escuela pública será gratuita en todos sus grados” (art. 61).  ¿Qué razones daba el Reformador en apoyo del principio de gratuidad?  Muchas y de total vigencia pero, en homenaje a la brevedad, nos permitiremos nombrar sólo tres:

A)  La educación es un servicio de utilidad pública y debe por ello mismo ser pagado por la Nación.

B)  Desde que la instrucción debe alcanzar a todos, la gratuidad no es otra cosa que la correcta organización de los gastos que la educación demanda.

C) La gratuidad tiene una función igualitaria, pues si elimina disensiones sociales que amortigua animosidades religiosas. A través de los años el principio de gratuidad se ha mantenido inconmovible y alcanza a la enseñanza oficial que se imparte en primaria, en secundaria, en la Univ. del Trabajo y en la Universidad de la República. Las Constituciones de 1830 y del 19 callaron sobre el punto; la constitución del ’34 y posteriormente la del ’42 y ’52 consignaron que (hoy reproducido integralmente en la de 1967): “Declárase de utilidad social la gratuidad de la enseñanza primaria, media, superior, industrial y artística y de la educación física, la creación de becas de perfeccionamiento y especialización cultural, científica y obrera y el establecimiento de bibliotecas populares.”
 

LA EDUCACIÓN DEBE SER LAICA

   En opinión de Varela, la escuela pública debe ser laica. En el capítulo 11 de la “Educación del Pueblo” en el informe que precede al  proyecto de Legislación Escolar funda con amplitud y sólidos argumentos la solución que preconiza. La laicidad de la escuela pública era para Varela la solución justa, conveniente y por lo mismo la llamada a imponerse. De sus cuidadas exposiciones sobre el punto tomamos estas ideas fundamentales:

A) La Escuela pública no tiene por misión perseguir un fin religioso mas sí uno social.

B) La educación que da y exige el Estado no tiene por fin afiliar al niño a esto o aquella comunión religiosa sino prepararlo para la vida ciudadana.

C) La escuela pública debe limitarse a suministrar al niño los conocimientos indispensables para que en el futuro pueda decidir pos sí a qué religión adherir.

D) La escuela pública no pertenece exclusivamente a ninguna secta religiosa y por lo mismo debe abstenerse de toda enseñanza dogmática.

E) La escuela pública es sostenida por todos, cualquiera sean sus creencias religiosas y no sería justo hacerles contribuir a su sostenimiento a aquellos que profesan una religión que no coincide precisamente con la que se enseña en la escuela.

F) Una cosa es enseñar al niño principios morales que deben guiar sus pasos en la sociedad y otra muy distinta el imponerle los dogmas de una religión determinada.

G) El Estado es una institución política y no religiosa y por lo mismo no debe favorecer a comunidad religiosa determinada en perjuicio de las otras.

H) La escuela laica no es atea, pues el ateísmo es también una doctrina religiosa.

   El laicismo no es antirreligión no antideísmo. La escuela laica es una escuela neutral en las disputas religiosas por cuestiones de dogma y de rito. Pero Varela, que sabía muy bien que proscribir de la escuela toda enseñanza dogmática conduciría a sublevar los sentimientos de la gran mayoría de nuestra población, creyó del caso transar y propuso el mantenimiento de la religión que dicha mayoría profesaba. He ahí la razón que anima en su artículo 59 del proyecto de legislación escolar por el que se faculta a las comisiones de distrito la enseñanza de la religión Católica Apostólica Romana o del catecismo católico con arreglo a ciertas limitaciones expresamente consignadas en el texto.

   La fórmula propuesta por Varela no fue acogida por la Comisión nombrada para estudiar su proyecto de ley de educación común y es por ello que en la ley Nº 1350 se dispuso expresamente que:  la enseñanza de la religión católica sigue siendo obligatoria en las escuelas del Estado exceptuándose a los alumnos que profesen otras religiones y cuyos padres, tutores o encargados se opongan a que la reciban.

   Por muchos años siguió siendo obligatoria la enseñanza de esta religión católica en las escuelas públicas.  A tan desacertada y atentatoria solución, puso fin entre nosotros la ley Nº 3.441 del 6 de abril de 1909, al disponer:  art.1) Desde la promulgación de la presente ley queda suprimida toda enseñanza y práctica religiosas en las escuelas del Estado.  Art. 2) La Dirección General de Educación Pública determinará los casos en que hayan de aplicarse penas a los maestros transgresores de esta ley; estas penas serán de suspensión, pudiendo llegarse hasta la expulsión en caso de reincidencias graves y comprobadas. Los antecedentes parlamentarios de esta ley recientemente citada están contenidos en los diarios oficiales de la Cámara de Representantes (tomos 193 y 194) y en los del Senado (tomo 94). Se desprende de estos antecedentes:

1) Que el escribano Don Genaro Gilbert, a la sazón diputado por Tacuarembó y que aún hay soporta con gallardía el peso de sus 95 años, presentó a la Cámara de que formaba parte el 28 de abril de 1908 el proyecto de ley tendiente a suprimir toda enseñanza y práctica religiosa en las escuelas del estado pues se había hecho indispensable asegurar el respeto a la libertad de conciencia de los alumnos, de los padres y de los maestros.
2) Que pasado el proyecto a estudio de la comisión de Instrucción Pública ésta lo informó favorablemente entre otras razones por la siguiente: a) porque el proyecto estaba llamado a dar amplia satisfacción a la libertad de conciencia,  b) porque el hecho de que la religión del Estado fuera la católica (art. 5 de la Constitución de 1830) no importaba la obligación para el mismo de enseñarla y difundirla, a lo que cabía agregar que la misma Constitución consagraba la libertad de cultos y la más amplia libertad de pensamiento, en su art. 140,  c) porque la enseñanza religiosa en las escuelas públicas contrariaba lo mandado en la Constitución pues era evidentemente inconciliable la libertad de pensamiento y de propaganda de las ideas con la enseñanza oficial de una religión determinada excluyente de toda discusión en sus dogmas como lo era la católica.
3) Elevado el proyecto a la discusión de la Cámara, hubo diputados que lo resistieron juzgándolo violatorio de la Constitución en la parte que disponía que la religión del Estado era la católica apostólica romana. Felizmente las convincentes palabras de muchos señores representantes, entre los cuales cabe recordar especialmente a Oneto y Viana, que aún vive, Salterain, Paullier y Cachón evidenciaron que el proyecto no era anticonstitucional y que venía a dar cumplida satisfacción a inaplazables exigencias de la pedagogía moderna y la ciencia en general. Aprobado con pequeñas modificaciones, el proyecto en Diputados, pasó al Senado; fue informado favorablemente por la Comisión de Legislación y se lo sancionó sin discusiones en apenas unos breves minutos.

   Desde siempre, y podríamos decir que hasta el presente, ciertos sectores religiosos califican de inmoral totalitaria nuestra escuela pública por ser laica y  es por ello que la Federación Uruguaya de Magisterio sigue demandando del Consejo de Enseñanza Primaria y Normal reglamentación adecuada de la ley 3441, en el sentido de establecer sanciones para los transgresores del principio del laicismo y de la lealtad de los maestros y funcionarios para con los derechos del niño.

   Todo nos hace comprender que es hora de que pongamos fin a esta disertación, pero ahora que ha transcurrido ya el tiempo necesario como para que los detalles se estructures y los hechos irrelevantes no turben el juicio, juzgamos indispensable dejar sentado antes de abandonar esta tribuna, las siguientes conclusiones:

a) Varela se adelantó a sus contemporáneos al comprender que era impostergable un cambio profundo e integral en  nuestra enseñanza pública.
b) Varela, con esfuerzo denodado, introdujo en nuestra escuela pública los cambios necesarios para ponerla en condiciones de poder dar satisfacción cumplida a los reclamos de la pedagogía moderna.
c) Si es verdad, que lo  es, que por la dirección de la enseñanza como por los mares se cruza de dos maneras, o con las velas recogidas sin dejar huella, o a todo trapo y dejando estela luminosa, es de estricta justicia reconocer que José Pedro Varela cruzó por la Dirección de Instrucción Pública con las velas desplegadas al viento, que su obra dejó por lo mismo honda huella en los centros de enseñanza pública.
d) Varela fue hombre de ciencia y de biblioteca, por lo cual respaldó siempre sus inquietudes con pruebas, hechos y números.  Pero ello no le vedó ser un formidable teórico en la medida reclamada por la acción individual y colectiva. Es que él intuía lo que muchos años más tarde afirmó Lenin: que sin doctrina previa no hay acción posible.

   Varela luchó por que la enseñanza pública llegara a todos los rincones del país y por que pasara de las manos sectarias y fanáticas, que sin excepción alguna la traicionan, a las manos de aquellos que parten libres de dogmas y prejuicios. Por ello merece el eterno reconocimiento de los hombres defensores de la libertad de conciencia y de los maestros laicos.

  José Pedro Varela enseñó y probó que al imponerle a los niños dogmas de una religión cualquiera, se llenan sus mentes aún no desarrolladas de prejuicios inhibitorios y de hostilidad fanática. Por ello el reconocimiento a los que bregan por la libertad de pensamiento y porque no se deforme la conciencia y el corazón de los futuros ciudadanos.  José Pedro Varela integra la pequeña y heroica columna de los hombres que lo sacrificaron todo en pro del bien común y es por ello que en esta ocasión le rendimos, con emoción y con fe, el reconocimiento de gratitud del que supo hacerse merecedor. Nada más.

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