HOMBRE - ÁRBOL - LUZ

ALGUNAS PRODUCCIONES DE TEXTO
1.  Leyenda inca
    Esta leyenda inca empieza un día en que una semillita estaba muy aburrida sola en la tierra; no tenía con quien jugar. 
    De repente el sol le preguntó: 
    - ¿Qué te pasa, semillita? 
    - Nada - dijo ella - lo que pasa es que estoy muy aburrida.
    - Entonces juega conmigo - le dijo él.
    - Pero tú estás allí arriba y yo estoy aquí abajo, no podemos jugar - dijo.
    - ¡Sí que podemos! Yo sé cómo.

    Entonces el sol empezó a esconderse por detrás de las nubes que hicieron muchas sombras con su luz.

    Al cabo de un tiempo, la semilla y el sol se enamoraron, pero no podían juntarse. Entonces la semlla decidió transformarse en un árbol y empezó a crecer para poder llegar al sol.

   Por eso los incas riegan todos los días ese árbol: para que su dios, el sol, nunca esté solo.
 

2.  El árbol y la luz
    Una hermosa mañana de primavera, estaban el árol y la luz hablando sobre la fiesta que iban a organizar en el verano. 

    Todo iba bien hasta que se empezaron a pelear, porque el árbol quería invitar a la flor y la luz al viento y sólo quedaba un lugar de invitados.

    La luz se enojó mucho, se fue y todo quedó oscuro. El árbol también estaba muy enojado y no le importó que se fuera; pensó que sería mejor la vida sin ella.

    Mientras tanto, la luz, que se había ido del planeta y estaba paseando por el universo, pensó qu eiba a ser divertido estar sin el árbol.

   Pasaban los días y ni se acordaban de su gran pelea. Todo estaba bien para ellos. Pero luego empezaron a pensar: el árbol no podía crecer sin la luz y si no había luz ni árboles, se podría acabar la vida en el planeta. Se dieron cuenta ambops que era algo absurdo estar peleados por esa razón y pensaron en disculparse.

   Pasaban los días y uno esperaba que el otro pidiera perdón. Al final, los dos se pidieron perdón a la vez y decidieron invitar a la flor y al viento y se solucionaron los problemas. 

   Todo volvió a la normalidad: la luz hizo que el árbol creciera y así nos pudiera brindar sombra y todo lo demás.
 

3.  El árbol amigo
   Había una vez un niño que tenía un amigo muy particular. Su amigo era un árbol.

    Todas las mañanas, Martín, el niño, lo iba a visitar. Compartían muchas cosas: Martín le contaba historias y el árbol lo protegía en los días de lluvia, le daba sombra en los días de calor; Martín lo cuidaba mucho y lo regaba siempre y el árbol a cambio le daba frutos.

    Un días, Martín fue a visitarlo y le contó algo horrible: le dijo que los otros árboles habían desaparecido y que él no sabía la razón. El árbol, que por cierto era muy sabio, le dijo que era porque las personas los talaban y quemaban para alguna utilización. Martín preocupado le dijo que a él nunca le iba a tocar pasar por eso porque él lo iba a cuidar.  El árbol le contestó que eso no era cierto, que a todos los árboles les pasaba eso y que él ya estaba preparado.  El niño se puso a llorar, pero disimuló para que su amigo no lo viera.

    Pasó el tiempo y el niño seguía visitando al árbol. Hasta que un día el padre compró el diario y Martín encontró un titular que decía: "Centro comercial muy pronto en el país".  Muy contento fue a mostrárselo a su papá y éste le dijo. "¿Viste qué suerte? Va a ser frente a casa."

   El niño quedó mudo. Se dio cuenta que para hacerlo tendrían que talar todos los árboles de la cuadra y le llegaría el turno a su amigo. Fue corriendo a darle la noticia pero cuando llegó vio que el árbol ya no estaba y se puso a llorar.

   Observó una hoja de árbol tirada que decía: "Nunca te olvidaré."
 

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